El fiscal Augusto Zapata caminaba de un lado a otro, golpeando el escritorio con un fajo de hojas. Sus empleados, alineados contra la pared con la mirada fija en el suelo, aguantaban el reto:

— Cómo se les ocurre?!- gritó el fiscal, con el rostro enrojecido—.

—Me van a decir que ‘se traspapelo 3 años?

¡Estamos hablando de la causa Valenzuela!

¡Hay una niña esperando justicia y ustedes me dicen que el expediente quedó en el fondo de la pila!

El término técnico era «paralización» o que habían cajoneado 3 años la causa. Alguien, por algo mucho más oscuro, había decidido que el caso contra Valenzuela por abuso sexual infantil no era una prioridad.

Un Silencio incómodo que nadie se atrevía a responder. 

El aire acondicionado apenas zumbaba en el silencio que siguió al estallido. El fiscal sabía que el apellido Valenzuela tenía peso, que había llamados que «sugerían» cautela, pero verlo plasmado en la inacción de su propio equipo era algo que perjudicaba su carrera y su cargo.

— Fuera de acá! sentenció, dándoles la espalda para mirar por la ventana—.

—»Y más les vale que no encuentre una sola coma fuera de lugar.

Si Jorge Valenzuela camina…, les aseguro que ustedes no vuelven a pisar un juzgado en su vida».

Los empleados salieron en fila, casi sin respirar. El eco de los gritos todavía vibraba en el despacho y los pasillos del MPF de Tucumán.

El Fiscal Augusto Zapata: Según él, garantiza  “proteccion de las víctimas vulnerables y obtener las medidas cautelares y de protección con la mayor celeridad posible”.