La “carpa” de Jaldo se achica: internas, fuego amigo y el costo de peinar al León
El gabinete cruje bajo una guerra silenciosa. Legisladores le sueltan la mano a Darío Monteros mientras el peronismo factura el idilio con Milei.
La gestión de Osvaldo Jaldo atraviesa su hora más crítica, atrapada en un derrumbe político motorizado por una interna que ya no se oculta. Con las muertes por las inundaciones como telón de fondo, el oficialismo tucumano parece más ocupado en el espionaje interno que en el barro del sur.
El epicentro del sismo es el Ministerio del Interior. Darío Monteros, el hombre que debía garantizar la paz con los intendentes, hoy cosecha resistencias. Según se habla un bloque mayoritario ya le bajó el pulgar para las elecciones de 2027. El reproche es concreto: lo acusan de armar listas opositoras en territorios peronistas como Burruyacu y Aguilares.
En la última reunión en la Legislatura, Jaldo habló de una “carpa grande” donde no sobraba nadie. Sin embargo, en los pasillos dicen que esa carpa terminará siendo una cabina telefónica donde solo entrarán el Gobernador y el Ministro del Interior.
Influencers y “carpetazos” contra Chahla y Masso: la estrategia de Monteros para blindarse parece ser el ataque. Se comenta con insistencia que el ministro “fogonea” a operadores digitales para limar la imagen de Rossana Chahla, vista como una amenaza electoral.
Pero el fuego amigo no termina ahí. El abogado Alfredo Aydar contacto entre Monteros y Alan Paredes, mantiene un libreto calcado contra Federico Masso (Desarrollo Social) y recientemente contra el vicegobernador Miguel Acevedo, por sus vínculos con la Intendenta y con Juan Manzur.
Del rugido al “Shampoo”: el malestar no es solo por cargos, es por identidad. En los despachos de Casa de Gobierno, el pase de factura por el alineamiento con Javier Milei es constante.
“Jaldo decía que le iba a cortar la melena al León, pero hoy parece que lo está peinando y poniéndole shampoo”, se ríen algunos compañeros. Este giro ideológico generó un cortocircuito con la base electoral, que no entiende cómo el Gobernador pasó de ser el principal crítico del libertario a su aliado más dócil en el Norte Grande.
El resultado es un Estado que perdió agilidad. Con ministros más preocupados por las encuestas y las operaciones de prensa que por los problemas estructurales, el derrumbe ya se percibe en la calle. Si Jaldo no ordena la tropa y frena las operaciones de sus ministros, el 2027 podría encontrar a un oficialismo no solo dividido, sino electoralmente vacío.