Tres décadas de los mismos nombres y un Tucumán que se ahoga

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Desde que nací, Osvaldo Jaldo y Darío Monteros ocupan despachos oficiales. Hoy, tras la muerte de tres tucumanos por las inundaciones, sus promesas de “obras urgentes” suenan a una burla histórica.

Mientras yo daba mis primeros pasos, Osvaldo Jaldo ya terminaba su primer mandato como Intendente de Trancas y Darío Monteros ya tejía su poder territorial en el Este. Crecí, fui a la escuela, me recibí y ellos siguen ahí, rotando de sillón pero nunca de círculo. El problema no es su permanencia, sino la parálisis de una provincia que, tres décadas después, sigue llorando muertes por las mismas causas: la desidia estructural y las obras aluviales que jamás se hicieron.

Este fin de semana, la realidad le dio una bofetada al discurso oficial. Tres personas perdieron la vida como consecuencia de las inundaciones en la provincia. Mientras el barro tapaba hogares, el manual de la política tucumana repetía su capítulo más cínico: culpar al cielo. Pero a los casi 40 años, uno ya aprendió a leer entre líneas: no es el clima, es la falta de infraestructura que 30 años de poder ininterrumpido no quisieron —o no supieron— construir.

El “Prontuario” de la permanencia

Para dimensionar por qué Tucumán está como está, hay que mirar el reloj. Mientras nosotros cambiamos de vida, ellos solo cambiaron de tarjeta personal. Aquí el detalle de una vida dedicada al Estado:

PeriodoOsvaldo Jaldo (Trayectoria)Darío Monteros (Trayectoria)
1987 – 1995Intendente de Trancas (2 periodos)Referente territorial y dirigente en el Este
1995 – 2003Legislador Provincial / Ministro de EconomíaConcejal y funcionario en B. R. Salí
2003 – 2007Intendente de Trancas / Interventor Caja PopularDirigente clave del PJ Este
2007 – 2015Legislador / Ministro del Interior (Alperovichismo)Legislador Provincial / Funcionario Interior
2015 – 2023Vicegobernador / Gobernador InterinoIntendente de Banda del Río Salí (2 periodos)
ActualidadGobernador de TucumánMinistro del Interior

La urgencia que solo aparece en las urnas

Las declaraciones actuales de ambos tras la tragedia del fin de semana hablan de “monitorear” y “asistencia inmediata”. Es el lenguaje de la emergencia perpetua. Se especializaron en repartir colchones en lugar de licitar canales.

¿Cómo es posible que con décadas manejando el Ministerio del Interior y las cajas de la provincia, hoy nos digan que las obras aluviales “están en carpeta”? A mis años, la conclusión es amarga: en Tucumán, el tiempo es elástico para las prórrogas de las empresas constructoras y para los mandatos eternos, pero es implacable para el vecino que ve cómo el agua se lleva sus sueños.

El “estado de excepción” del que habla la doctrina jurídica tucumana se palpa en el barro y agua de la provincia. Aquí las leyes —y las obras— están para ser ignoradas. Mientras tanto, Jaldo y Monteros siguen ahí, esperando que baje el agua para volver a planificar la próxima elección, mientras la provincia se sigue hundiendo en la misma desidia que estaba vigente el día que yo nací.

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