El “Show del llantito” de AETAT: empresarios amenazan con dejar a pie a Tucumán

Berreta salió a agitar el fantasma del paro mientras las empresas se descapitalizan, según ellos, pero los subsidios millonarios no dejan de fluir. ¿Crisis real o apriete para un nuevo tarifazo?

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El manual del transporte en Tucumán tiene un capítulo que se repite como un disco rayado: los empresarios lloran miseria, amenazan con el colapso y terminan consiguiendo lo que quieren a costa del usuario. Esta vez -o como siempre-, fue Jorge Berreta, vice de AETAT, quien se sentó frente a las cámaras para anunciar que los recursos “están agotados” y que el sistema está en terapia intensiva.

Con un discurso que mezcla el drama contable con el apriete político, Berreta detalló que el gasoil aumentó un 60% y que las pretensiones salariales de UTA son “imposibles de afrontar”. Sin embargo, el “periodismo de pasillo” que hacemos en Tuculandia nos obliga a preguntar: ¿Cómo es que un negocio que recauda 4 millones y gasta 4.2 solo en gasoil sigue abierto hace décadas? La respuesta tiene una sola palabra: subsidios.

La timba de los millones y el usuario como rehén: mientras la provincia inyecta $4.900 millones mensuales y la capital de Rossana Chahla pone otros $900 millones, los colectivos siguen siendo cafeteras humeantes con frecuencias de pueblo fantasma. Para Berreta, la culpa es de la “pérdida del poder adquisitivo” y de las motos, pero nada dice de la falta de inversión de un sector que se acostumbró a vivir de la teta del Estado.

El cinismo empresarial llega a su pico cuando advierten que “si cae una empresa, cae el resto”. Es el famoso efecto dominó con el que pretenden que el Ministerio de Economía les firme un cheque en blanco antes del lunes. Dicen que no hay “lockout”, pero la reducción de servicios en horario valle es una realidad que el tucumano padece todos los días mientras espera una unidad que nunca llega.

¿Viernes de pago o lunes de paro? con los sueldos de marzo todavía en el limbo de los “trámites bancarios”, la mecha de la UTA está corta. Berreta apuesta a que “si Dios quiere” pagarán el viernes, pero en Tucumán sabemos que Dios no firma las planillas salariales, las firman los acuerdos bajo mesa en Casa de Gobierno.

La reunión clave con el secretario de Transporte y el ministro de Economía será el escenario de una nueva extorsión legalizada. Mientras tanto, el laburante, el estudiante y el jubilado miran el cronómetro rezando para que el colectivo pase, en una provincia donde el transporte público dejó de ser un derecho para convertirse en el botín de guerra de unos pocos.

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