La decisión del Ejecutivo de convocar a los comicios provinciales aceleró la contienda. El PJ se encamina a una guerra abierta entre Jaldo y Manzur, mientras que en la oposición cruzan denuncias para tumbar candidaturas entre La Libertad Avanza y Cambia Tucumán.
El decreto con la fecha fijada para el próximo 9 de mayo actuó como un detonante en el mapa político tucumano. Con el desdoblamiento electoral oficializado, Tucumán se convirtió en la primera provincia del país en marcar calendario propio para renovar la gobernación, bancas legislativas e intendencias. Sin PASO ni balotaje —con un sistema donde “el que saca un voto más se lleva todo”—, la decisión de Osvaldo Jaldo desató una guerra anticipada signada por roscas, lanzamientos prematuros y una lluvia de carpetazos judiciales entre los aspirantes al sillón de Lucas Córdoba.
El escenario dibuja cuatro competidores centrales y un peronismo completamente roto. Mientras Jaldo busca afianzar su reelección apalancado en su pragmática alianza parlamentaria con Javier Milei, su exsocio político Juan Manzur ya camina el territorio bajo la consigna “Jaldo es Milei”, buscando polarizar con el Gobierno nacional. En el campamento manzurista dan por descartado cualquier acuerdo: aseguran que el actual mandatario “tiene la palabra devaluada” y preparan la candidatura del senador para antes de fin de año, desafiando las críticas del tranqueño, quien acusó públicamente a Manzur de “falta de coraje” para dar la pelea en las urnas.
Por el lado de la oposición, la fractura es igual de violenta. El presidente de La Libertad Avanza en Tucumán, Lisandro Catalán, oficializó sus aspiraciones al Ejecutivo con el respaldo de Karina Milei, pero debió encajar una dura denuncia judicial impulsada por el espacio del diputado Mariano Campero (Cambia Tucumán) por presuntas irregularidades con su domicilio legal. En paralelo, Campero promete competir “con o sin LLA”, empapela la provincia y estudia un recurso ante los Tribunales para frenar la reelección de Jaldo por sus períodos previos como vicegobernador, mientras la Casa Rosada observa la contienda local sin descuidar el valioso respaldo que el bloque Independencia le garantiza en el Congreso.




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