La vuelta de los “Chachos” al circuito financiero riojano encendió las alarmas en todo el Norte Grande. Aunque Osvaldo Jaldo prometió sostener el equilibrio fiscal, la presión sobre las arcas provinciales reabre el debate sobre si los “papeles pintados” son una amenaza latente o un fantasma del pasado.

 

El fantasma de las cuasimonedas volvió a recorrer la Argentina. La decisión de La Rioja de emitir los denominados “Chachos” para volcar $15.000 millones a la calle y financiar los sueldos de los estatales reabrió una discusión que la provincia de Tucumán creía superada desde hace más de dos décadas. Aquel mecanismo de supervivencia fiscal, que en 2001 vio su época dorada con los Patacones, las Lecop y los inolvidables Bocade tucumanos, volvió a meterse en la agenda política del Norte Grande tras la advertencia del Gobierno nacional de que no habrá ningún tipo de rescate centralizado para los billetes provinciales.

En Casa de Gobierno, las miradas sobre el experimento riojano son cautas. El gobernador Osvaldo Jaldo ha repetido en más de una ocasión que la estrategia de su gestión pasa estricta y únicamente por la austeridad, el ahorro fiscal y el rechazo a los parches monetarios. Sin embargo, en un escenario nacional signado por la caída de la recaudación, el recorte de las transferencias discrecionales y la constante paritaria salarial, el fantasma del papel pintado vuelve a colarse en las especulaciones de pasillo.

¿Podrán las provincias resistir el ahogo financiero únicamente con el lápiz rojo, o la presión económica terminará arrastrando a más distritos a seguir los pasos de Ricardo Quintela?

Por ahora, Tucumán sostiene el timón sin recurrir a la imprenta provincial y priorizando el pago en pesos contantes y sonantes. Pero el precedente riojano dejó flotando una grieta profunda en la región: mientras algunos se abrazan a la emisión local como una herramienta de soberanía y consumo, en suelo tucumano la memoria del Bocade sigue generando resquemor en comerciantes y trabajadores. La duda quedó sembrada sobre la mesa y el margen de maniobra de las provincias dirá si los “Chachos” son una excepción aislada o la antesala de una nueva era de cuasimonedas en el país.